Quiso saber qué había después de la eternidad. Miró en el reflejo de su divinidad y halló la inexistencia.
*Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolarme decidí abstraer sus fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida está llena de hermosuras así.




5 apostillas:
La inexistencia de acabar en nada.
Eternidad, divinidad, inexistencia... pollo asado con patatas, ensalada de atún, helado de chocolate, café, copa y puro.
Las lágrimas, creo, siempre son puras.
¡Qué bonita palabreja "bibliorato"! La desconocía pero ya mismo la voy a incorporar a mi vocabulario incluso cuando no venga al caso.
En recuerdo de don Antonio Machado:
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
“la espina de una pasión;
“logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
“quién te pudiera sentir
“en el corazón clavada”.
La felicidad está en las cosas más simples de esta vida.
Besos como los de arriba.
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